¡Esto es una cosa de locos! Una expresión argentina que brotó desde lo más profundo y que retrata de cuerpo entero esta calamidad en el Monumental. Y ¿quién le iba a creer?
Hay que escribirla, palparla, para que se fije definitivamente en la historia: Argentina 0, Colombia 5 en el estadio Monumental de River Plate. Es lo más grande del fútbol colombiano en toda su historia!
Aquí, en está sala de prensa, hay que pellizcarse. Viene la gente de El Gráfico y nos felicita. Lo mismo pasa con Radio Continental, la de Víctor Hugo Morales. "Tengo una amargura enorme, pero igual me dan ganas de reír porque esto del fútbol colombiano es grandioso. Nos recordaron nuestras raices", dice el famoso relator.
¡No puede ser! Aquí en la sala de prensa del Monumental cuesta escribir ésta historia. porque aún las ideas parecen escabullirse en medio de este teclado azaroso que se desliza nerviosamente. Argentina 0 Colombia 5. Entramos al estudio en medio de la rechifla, a Ricardo Leyva le abrieron la cabeza de un botellazo, a varios los arrastraron por el piso, siempre se ofendió a Colombia... H.... los vamos a matar .
Y vea lo que sucede ahora: el hincha, el periodismo, viene y saluda. No sólo eso, se emociona recordando la velocidad de Asprilla y de Valencia; la potencia física de Freddy Rincón, el arte y la magia de Carlos Valderrama.
Los burros (palabra despreciativa que descalifica a un jugador), son los argentinos.
Colombia, quien lo creyera es la gran figura. De aquella estruendosa silbatina que se escuchó cuando el pibe y su corte saltó a la cancha,se pasó al aplauso sonoro y a la ola de la tribuna.
Los argentinos se toman la cabeza a dos manos. Quieren despertar de esta pesadilla amarilla que pasó por el Monumental como un fantasma que asusta y se va. Sin que nadie pueda palparlo o detenerlo. Y tienen de dónde agarrarse. Batistuta, Leo Rodríguez, Fernando Redondo, Claudio García parecen que quieren arrancarse la melena.
El 1-0 del primer tiempo pasó sin pena ni gloria. "Y qué quiere? Si antes tenían tranquilidad y veían un panorama amplio, cómo será ahora que están por arriba. No me quiero imaginar una catástrofe", dijo Daniel Arcucci, el hombre de El Gráfico.
Una premonición que fue calcada con el paso de los minutos. En cada arranque de Asprilla, en cada desborde de El Tren, en cada aparición fantasmal de Rincón, se sentía se olía el aroma del gol.
Y ¿qué había que hacer? Sentarse a esperar, a mirar desde de la tribuna esta danza divina del fútbol que impuso El Pibe Valderrama, que siguió Leonel, que acaparaba un fenomenal Faustino.
Sí, sentémonos y recordemos un poco la historia. Y atérrese: es la mayor derrota de Argentina en toda su vida. Un 1-6 frente a Checoslovaquia en el Mundial de Suecia en 1958 se tenía como el peor lastre. Esto del Monumental no lo hizo nadie. Si acaso Alemania Federal se había acercado en una ronda previa al Mundial del 78, cuando en la cancha de Boca Juniors le sacó 3-1 a los albicelestes.
Entonces, uno tiene que que empezar a entender por qué somos las figuras. Por qué nos entrevistan por la radio, por qué vienen y nos instalan una grabadora para emitir conceptos. Porque es tanta la admiración que flota que todos quieren saber este secreto que ha llevado el fútbol colombiano a la gloria.
Qué fenómeno! Es la expresión que lo desnuda todo. Que abre el alma y se entrega de par en par porque muy a pesar de la potencia que suele aflorar, Argentina reconoce que fue un baile de sensación.
Y quién lo creyera! ha terminado el partido y todos los argentinos van a abrazar a los colombianos al centro del campo. Es más piden el intercambio de camisetas, una historia a la inversa que vivimos en tiempos no muy lejanos.
Quisieron arrollar, embistiendo, y jamás encontraron a los colombianos. Quisieron tocar y ni un boquete se les abrió. Probaron por arriba y por abajo y en muy contadas ocasiones encontraron la cara de Oscar Córdoba, frente a frente.
¡Esto es cosa de locos! Ni más ni menos. Allí salen los jugadores colombianos con los brazos en alto para responder a la ovación. Y nosotros nos dirigimos a esta sala de prensa para tratar de contar este fenómeno. Es lo que uno quiere en este flujo de sensaciones que desembocan en una muesca indescriptible: cercana a la carcajada, pero muy cerquita al llanto. A lo mejor hay que volver a mirar el partido en video. Por que todavía parece increíble. Y contarlo mas despacito...
Víctor Rosas
Enviado Especial de EL TIEMPO a Buenos Aires el 5 de septiembre de 1993
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